Pequeño comercio

Nos preguntamos a veces si el pequeño comercio va a desaparecer o si, por el contrario, sobrevivirá a esta invasión de grandes centros comerciales que sufrimos desde hace años. Pero, si va a sobrevivir o no, el tiempo lo dirá; mientras, os voy a explicar  una pequeña reflexión:

Me gusta ver los comercios  en sus calles, establecimientos centenarios  que conviven con las tiendas más modernas ofreciendo todo tipo de productos en un animado bullicio que hace que salir a dar un paseo sea de lo más entretenido. Por desgracia, de un tiempo a esta parte, compruebo con tristeza cómo muchas de estas tiendas se ven obligadas a echar la persiana, liquidaciones por cierre, carteles de alquiler o traspaso de negocios cuelgan en sus escaparates como si de una epidemia se tratara.

Si el pequeño comercio ya tenía un futuro complicado debido a la fuerte presión de las grandes superficies y los centros comerciales, muchos son los que no están pudiendo con la crisis y acaban cerrando.

Soy consciente de que el ritmo de vida, los horarios y sobre todo, la comodidad, nos empujan a comprar en grandes superficies donde lo podemos encontrar todo de 10 a 22, y hacerlo más ágilmente.

Deberíamos reflexionar sobre lo que aporta e intentar hacer lo que esté en nuestra mano para fomentar el consumo en las tiendas de barrio. Aquí podéis encontrar  razones por las que merece la pena hacer un pequeño esfuerzo.

Ayuda a tus vecinos

Tanto los propietarios como el personal empleado en estos comercios, son normalmente gente relacionada con el barrio. Algunos de ellos lo son además desde varias generaciones. Gente a la que conocemos y saludamos a diario, que tenemos cerca y a la que nos encontraremos día a día ¿cómo no echarles una mano? A nada que el pequeño funcione, repercutirá en nosotros, porque el bienestar de quien está a nuestro alrededor, favorecerá la creación de empleo, ya que los comerciantes necesitarán más personal, habrá que relevarles cuando se jubilen…

Dinamizar la economía local

En plena crisis económica, consumir en los comercios de proximidad y fortalecer la economía local, es una buena fórmula para jerarquizar y priorizar actuaciones, y contribuir a su vez a la recuperación de los mismos. Esto ocurre porque el dinero que invirtamos en las tiendas de nuestro barrio, sigue circulando por el mismo contribuyendo a la prosperidad económica de nuestro entorno próximo (hay estudios que demuestran que el dinero gastado en comercios de proximidad circula en el barrio 3 veces antes de desaparecer en la economía general) Ese beneficio, revertirá en nuestro favor redistribuyéndose a personas y familias cercanas, no a grandes empresas. Nuestro estado de bienestar y calidad de vida, crecerá de forma sustancial al activar el consumo, ya que comprar en las tiendas locales es invertir en ti mismo. Así que alegrémonos por el bien del vecino, su bien es nuestro bien aunque no lo creamos.

Generación de empleo/ tejido social

Es sabido que el entramado empresarial de España está constituido por Pymes (más P-s que M-s), motivo por el cual resulta dramático comprobar que en un país con cinco millones de parados, las empresas que más trabajadores emplean son las tiendas de barrio, precisamente las que más sufren el zarpazo de la crisis al no poder competir en igualdad de condiciones con las grandes cadenas de distribución. Según el INE, mientras que empresas unilocalizadas representan el 41,4% del comercio minorista, dan trabajo al 52% del sector. Por el contrario, las grandes superficies, que representan el 15% del comercio al por menor, dan empleo al 8,8% de los trabajadores locales y, normalmente, en condiciones bastante precarias.

Por tanto, hay que despertar y no permitir que estos grandes depredadores destrocen a los pequeños comercios que todavía subsisten.

Hacen una contribución al barrio

Los comercios locales, animan la vida cotidiana del barrio, dan ambiente y personalidad a las calles y las llenan de gente convirtiéndolas en zonas transitadas. Contribuyen a la vitalidad de las ciudades y a la mejora del estado de los cascos históricos. Pasear por un barrio con un comercio rico supone ver escaparates y actividades e iniciativas organizadas por los comerciantes. Hay que reconocerles además una importante labor, que es la contribución a la seguridad de nuestras calles, al mantenerlas limpias, llenas e iluminadas. Sin comercios, los inmuebles se degradarían, y los barrios serían más peligrosos. Además ¿qué habría en los bajos de nuestras calles si desapareciera el pequeño comercio?

Gente que emprende y arriesga

Una pequeña empresa es el sueño y la ilusión de sus responsables, de quienes se esforzaron por construirla, sacarla adelante y atenderla. Muchas de ellas, han ido pasando de generación en generación, de padres a hijos que han crecido en la misma tienda y que en ella han aprendido su oficio.

No deja de ser opcional, pero desde mi punto de vista, merece la pena apoyar a gente que arriesga y que emprende la aventura que supone abrir un negocio, poniendo en él mucho tiempo, esfuerzo, dinero y cariño, no frenar el relevo generacional y contribuir al mantenimiento de establecimientos de toda la vida.

Calidad productos

El comercio local, es un auténtico motor de consumo de productos locales y fabricados en la zona. Nos está empezando a sorprender el hecho de que los tomates sepan a tomates. En ellos podemos encontrar productos diferenciados, de los cuales conocemos el origen, porque vendrán de granjas y huertos cercanos (que repercute en el plano medioambiental por la reducción y el ahorro del transporte de largas distancias) Además, nos posibilita conectar con los ciclos de la naturaleza, al consumir productos de temporada, comida de nuestra zona, fresca y de la época en la que estamos, a la vez que apoyamos a los agricultores y productores locales.

Trato personalizado

El pequeño comercio es confianza y trato personalizado. Detrás del mostrador, nos encontramos un auténtico especialista que podrá aconsejarnos y asesorarnos sin ninguna prisa, y cuyo conocimiento y atención aportan un valor añadido al simple acto de comprar. Esta misma política de exclusividad hace además que en la mayoría de los casos el servicio post venta sea también impecable, y los comerciantes nos faciliten todo cuanto esté en su mano para que salgamos de su establecimiento con ganas de volver.

Esta forma de consumo, hace además que compremos por decisión propia, lo que necesitamos, y frena el consumo compulsivo de productos que nos entran por los ojos en esas estanterías de diseño y tan estudiadamente colocadas.

Compiten con grandes superficies

Los comerciantes locales, tienen que competir no sólo por precio, sino por oferta de ocio de los centros comerciales y demás comercios de grandes corporaciones. En estos días, en que los medios de comunicación sólo recogen noticias de despidos masivos en forma de ERE, los pequeños comercios son los grandes perjudicados o la vez que los grandes olvidados de esta crisis. En este punto, pretendo resumir el compromiso en la conducta de la empresa que elabora aquello que consumimos.

La gran baza de estas grandes superficies, es un menor precio en los productos que nos venden, pero ¿nos hemos preguntado alguna vez cómo logran obtener beneficios a la vez que reducen los precios? Tras todo el dinero gastado en publicidad y en programas de ética em¬presarial, para reducir costes, las grandes superficies esconden unas condiciones de trabajo deficientes, unos salarios precarios, explotación a productores y agricultores a los que obligan a vender por debajo del coste de producción, promueven la deslocalización de empresas, llevada a cabo si no de forma directa, subcontratándose a fabricantes en la mayoría de los casos de países subdesarrollados que estén dispuestos a hacerlo y maximizan los beneficios de muchas grandes multinacionales. En otros casos, nos ahorramos unos euros en la compra, pero nos repercuten costes indirectos que asumimos sin darnos cuenta, como pagar el coche, la gasolina, el parking, bolsas…

En la otra cara de la moneda nos encontramos con los pequeños comerciantes, agobiados por llegar a fin de mes y con un menor margen para bajar los precios, que entre otras soluciones han asumido el aumento del 3% del IVA para intentar no asfixiar más al consumidor.

Los más desfavorecidos legislativamente

Las administraciones deben ser conscientes de la necesidad de fomentar, ayudar y no entorpecer, la existencia de la pequeña empresa que vemos en el más modesto negocio comercial familiar.

Además de todo lo expuesto, existe una pasividad por parte de las administraciones hacia el pequeño comercio. Están faltos de una legislación que les ampare, y hacen falta medidas que les posibiliten competir en el mercado en igualdad de condiciones con las grandes superficies; medidas que regulen cuestiones como el horario, los impuestos, la concesión de licencias de apertura, las condiciones económicas con los proveedores, las normativas higiénico-sanitarias, la financiación, ayudas y subvenciones para el desarrollo de actividades y oficios tradicionales a punto de desaparecer. En definitiva, una ley de comercio y una política de ordenación comercial que tengan en cuenta el importante papel económico y social que desempeña el pequeño comercio.

Lugares de encuentro

La importancia de las relaciones sociales personales tiene una significación especial en lo que se refiere a las relaciones que comerciantes y clientes mantienen en los pequeños establecimientos. El contacto en los negocios locales fortalece las relaciones entre vecinos y los convierte en centros receptores y difusores de información vecinal, lugares de encuentro y tertulia, ya que bajar a la tienda siempre es una ocasión ideal para ponerte al día de los chascarrillos y rumores del barrio.

Por último, son también canalizadores de favores y ayudas (“esto te lo apunto hasta la semana que viene”, “yo le subo las compras”) a la vez que facilitan la vida de importantes sectores sociales con dificultades para acceder a las grandes superficies: personas sin vehículo, jubilados, y la tercera edad.

Una elección positiva

Consumir en el pequeño comercio, supone una elección, quizá más profunda de lo que nos hayamos parado a pensar.  Porque ir de compras, es una de nuestras actividades cotidianas, en la que los ciudadanos tenemos a nuestro alcance una herramienta fundamental de cambio social, el consumo. Como consumidores, tenemos una responsabilidad, pero también tenemos un poder, podemos influir en la marcha de la economía y del mundo de una forma directa. Tenemos la oportunidad de utilizar nuestro criterio de decisión de acuerdo a nuestras convicciones y promover, a través de nuestros patrones de compra e inversión, la construcción de la sostenibilidad.

Los pequeños comercios locales deben protagonizar la recuperación de la ciudad viva, segura, amable, multifuncional, comercialmente justa y socialmente equitativa, culturalmente diversa, generadora de empleo estable local. ¿Merece la pena ahorrarse unos pocos euros sacrificando un producto mejor y una atención personalizada? Estos establecimientos  son de gran valor y sobre todo lo que aportan.

Entre todos hagamos un esfuerzo y tratemos de hacer lo que esté en nuestra mano por activar el consumo en los comercios locales. Vale la pena!, Animo a todos a apoyar a los pequeños comercios insustituibles, que dan vida!

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