Campanas, Crótalos, Cuencos de cuarzo y otros materiales.

La Campana Tibetana.
De los múltiples objetos rituales budistas que se han popularizado en occidente, ninguno más importante que la afamada campana tibetana. Comúnmente utilizada como objeto decorativo o como instrumento ritual y de sanación en el barroco mundo esotérico, rara vez cuenta con el profundo nivel de significado que por siglos ha tenido dentro del budismo tibetano. Como instrumentos rituales sirven al contemplativo, como un poderoso recordatorio en torno a las cualidades que requiere actualizar y las limitaciones que necesita trascender en el camino al despertar. Siendo la mente o conciencia la fuente de la totalidad de nuestra relación e interpretación del mundo, los medios y objetos rituales sirven de forma eficaz para lograr su reinterpretación y así, la construcción de una nueva y más sana relación con el entorno. Como verán, el uso y significado de estos objetos rituales, dista mucho de ser el que a menudo se les atribuye en el mundo esotérico. Las campanas tibetanas son tradicionalmente elaboradas de bronce y fundidas individualmente, a través de una hábil técnica de vaciado en arena. En la base y parte superior del mango de la campana, generalmente se representan tres collares de perlas que simbolizan las 6 actitudes de largo alcance: paciencia, generosidad, moralidad, entusiasmo perseverancia, concentración y sabiduría. Así, en un solo objeto, la tradición budista tibetana representa las herramientas y cualidades que un individuo debe perfeccionar, para ascender hasta el estadio de un buda o un ser perfectamente actualizado.

El efecto de la sutil vibración de la campana es percibido por todo el cuerpo, de lo cual deriva también, su uso terapéutico.

Todo esto refiere a la espiritualidad descendiendo a la materia o el cielo cubriendo a la tierra y a la “comunicación” entre estos dos planos o mundos, o macro y microcosmos. La campana, es “comunicación”; es mensajera, como ya expresamos, del lugar Sagrado y la voz de Dios o de la energía (cada uno en lo que quiera creer). Y por ello es que también, las campanas han sido utilizadas en diversas culturas, en rituales funerarios, considerándolas como medios de comunicación con las almas.
Por último, nos quedaría sumar que el poder simbólico de las campanas ha llegado hasta el uso de ellas como amuleto protector contra las potencias del mal, por ejemplo las campanas que se colgaban de los cuellos de los animales, ya que más allá de cumplir con la función propia del cencerro y saber la ubicación de éste, se consideraba que su sonido ahuyentaba de los peligros.

 

Crótalos.
Los crótalos producen un sonido de gran pureza y tradicionalmente se han utilizado para marcar el inicio y el final de la meditación, así como en las ceremonias budistas.

Consta de dos platillos de metal, generalmente de bronce, sujetados entre ellos por un cordel asidos entre el pulgar y el índice. Se golpea uno contra otro acercando los bordes de ambos con delicadeza, produciendo una sonoridad aguda con un especial timbre cristalino.

En las tradiciones más antiguas de Oriente poseían una concepción holística del ser humano y consideraban que los males del cuerpo tenían una raíz más profunda. La enfermedad no era para ello sino una desarmonía energética de la persona. En suma, los antiguos parecían saber que todo en el universo vibra.

Los cuencos.
Originariamente, los cuencos estaban hechos de forma absolutamente artesanal. Su aleación era la combinación de siete metales: oro, plata, cobre, cinc, níquel, hierro y antimonio. Tras la fundición de los citados metales, extendían la aleación y le iban dando forma circular a base de delicados golpes pero precisos hasta que iba tomaban la forma con la que les conocemos. Por este motivo, los cuencos originales, éstas preciadas obras de arte dignas del mejor de los museos, presentan un aspecto rudimentario en el que se pueden apreciar las hendiduras y el trabajo del hombre.
En la actualidad, los cuencos tibetanos ya no salen de manos de los lamas. A pesar de que la industrialización en su fabricación es prácticamente nula, artesanos especializados, menos sacros y espirituales que los originarios orfebres, se ocupan de su elaboración, siguiendo las antiguas tradiciones.
Hoy día, para la creación de un cuenco tibetano se utilizan sólo tres metales: cobre, hierro y bronce. También, de forma mucho más escasa y selectiva, se realizan vertiendo silicio sobre cuencos de vidrio incoloro y muy transparente.
Existen cuencos de diferentes tamaños y grosores. Cuanto más fina sea la pared más intenso será el sonido que desprenda, no obstante, la calidad del sonido dependerá de la conjunción y magia que se pueda crear entre nuestra propia calidad vibracional y la del cuenco.

En la época actual, los monjes, emulando al eremita de la leyenda, se siguen valiendo del sonido sagrado de los cuencos para alcanzar estados meditativos que les lleven a lograr el equilibrio de la polaridad de sus hemisferios cerebrales, mediante la emisión de ondas Alfa.
El sagrado sonido de sus amados cuencos tibetanos, también les es de suma ayuda a la hora de reequilibrar los complejos procesos celulares, potenciando la sanación y la consecución de la armonía entre el cuerpo físico y los cuerpos o energías sutiles.
Los cuencos tibetanos, las campanas, los cimbals, los gongs y demás instrumentos musicales de gran poder, están siendo los grandes aliados en todo tipo de terapias vibracionales y energéticas, siendo incorporados, como elementos sumamente útiles, en las prácticas terapéuticas dispensadas por profesionales de la medicina holística.
Los cuencos de cuarzo emiten e inducen un modelo de onda alfa que es el mismo que emite el cerebro en los estados meditativos y de profunda calma. Y se ha podido comprobar que en esos estados hay un aumento significativo de la producción de linfocitos T, responsables del sistema inmunitario.

También sabemos hoy que es posible modificar -por el principio de resonancia- estas frecuencias alteradas a través de la transmisión de otras frecuencias. Y eso es lo que convierte al sonido en un proceso terapéutico capaz de abrir la puerta al equilibrio físico, emocional, mental y espiritual. Y es que merced al principio de resonancia, que el sonido de los cuencos de cuarzo ajusta la vibración de la persona a la misma frecuencia emitida del mineral; es decir, terminan ambos vibrando al mismo ritmo.   

El sonido de los cuencos de cuarzo y de los cuencos tibetanos, afecta de manera global al individuo. Primero equilibra su cuerpo energético y los chakras (centros de energía) y luego limpia el campo áurico. Además, la vibración repercute en la columna que actúa como vehículo de resonancia y se extiende a través del sistema nervioso a nuestras células, tejidos y órganos. Esa es la razón de que la vibración producida por los cuencos tenga la capacidad de disolver bloqueos en el cuerpo físico y sutil así como de que se utilice en casos de contracturas musculares, roturas y otros problemas óseos. La vibración de los cuencos resuena y armoniza la estructura cristalina presente también en nuestro esqueleto.

 

El Didgeridoo.

En sus orígenes, el didgeridoo fue creado a partir de troncos muertos de árboles, principalmente eucaliptos, con su interior roído por la acción de las termitas. Al limpiar el tronco en cuestión se obtiene un tubo largo que se hace sonar haciendo vibrar los labios en uno de sus extremos. Esta vibración, al ser amplificada por las paredes del tubo, genera su fantástico sonido. Es posible modular la vibración obtenida, moviendo los labios y la lengua, o sumando a la vibración sonidos surgidos de la garganta.
Un didgeridoo, usualmente, mide entre 6 y 12 cm de diámetro, y su largo puede variar desde aproximadamente 50 centímetros hasta dos metros o más. El largo del instrumento determina la gravedad de su sonido (mientras más largo más grave suena) .Algunos presentan un ensanchamiento en su boca inferior, parecida a la de  una trompeta. Muchas veces, la boca superior, por la cual se sopla, presenta una cubierta de cera de abejas para prevenir la irritación de los labios a causa del roce.
Una de sus particularidades es que se puede tocar durante un tiempo ilimitado mediante una técnica denominada respiración circular, que consiste en mantener continuamente una cierta presión de aire en la boca, inhalando aire por las fosas nasales.

Propiedades terapéuticas .
Ya en tiempos remotos los aborígenes hacían uso de las propiedades del digeridoo, como símbolo cultural e identificativo de su procedencia, para ritualizar en distintos contextos las bases de su existencia. Se ha usado ancestralmente como objeto ritual y de mimetización teatral con el entorno, como acompañamiento de la voz y también como instrumento solista. Dentro de los clanes aborígenes, y todavía hoy en día, denota distinción en el rango o casta de las capacidades del músico que lo toca. Generación tras generación es transmitido un sistema propio de ser tocado por los clanes en cuya procedencia tiene sus orígenes el didgeridoo, en el noreste de la Tierra de Arnhem (Territorio del Norte, Australia). Éstos remiten físicamente el sonido, de padres a hijos, de maestro a alumno, con tal de transmitir el conocimiento en las complejas técnicas utilizadas para tocarlo.
Las connotaciones arcaicas y el sonido característico del didgeridoo lo convierten en un instrumento óptimo para la musicoterapia, tanto para el que toca –que puede utilizarlo como instrumento para guiar sus meditaciones, al tener que observar constantemente el sistema respiratorio–, como para el que escucha. Podemos inducir a estados de relajación profunda, al mismo tiempo que guiamos el viaje y sus dinámicas, a través del ritmo y la respiración. Aparte de las cualidades terapéutico-psicológicas, también podemos utilizar el sonido para masajear el cuerpo de un paciente a nivel físico y energético, desbloqueando tensiones musculares, contribuyendo positivamente a la reparación de fracturas óseas y aumentando el nivel de entropía en el cuerpo.

Recuerda, cuando trabajes con estos instrumentos espirituales vas a trabajar con elementos que van a ayudarnos en nuestra canalización y vibración energéticas, estamos en la gran obligación de acercarnos a ellos poco a poco, y sin miedo ni temor y con respeto. E1 peor error sería tomar una campana, crótalos, cuenco etc entre las manos sin más y golpearlo sin sentido, sin saber, sin prepararnos íntimamente para este acto de comunicación con la vibración del sonido.

 

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