Aloe Vera

¿Sabias que?…

El Aloe Vera es un excelente limpiador y antiséptico natural (contiene al menos seis agentes antisépticos: lupeol, ácido salicílico, nitrógeno de urea, ácido cinámico, fenol y azufre),  penetra fácilmente en la piel y en los tejidos (en algunas ocasiones cruzando siete capas distintas), que actúa como anestésico calmando todo tipo de dolores (especialmente los musculares y de las articulaciones) y tranquilizando los nervios, que posee una gran actividad bactericida, que también destruye numerosos tipos de virus, que es fungicida, antiinflamatorio, antiprurítico (detiene la comezón), altamente nutritivo (contiene vitaminas, minerales y azúcares), dilata los capilares sanguíneos incrementando la circulación en la zona afectada, descompone y destruye los tejidos muertos (incluyendo el pus), favorece el crecimiento celular normal (acelerando la curación de llagas y heridas), hidrata los tejidos y es antipirético (elima la sensación de calor en las llagas, úlceras e inflamaciones).

Descripción.

Áloe es un género de la subfamilia Asfodeloides de la Liliáceas, la cual comprende más de 200 especies. Tiene su origen en África Oriental y Meridional. Puede alcanzar entre 2 y 3 metros de altura, y raramente alcanza 6 metros.
Las especies de este género casi siempre son leñosas, pero de hojas muy grandes y carnosas, formando grandes rosetones y con una espina recia en su extremo, armadas de otras espinas laterales más pequeñas.

Floración.

Según la especie de aloe, en primavera y en verano. y también en invierno en sus respectivos países de origen. Las flores se generan en un estado maduro de desarrollo, y suelen ser de color rojo o amarillo.
Las flores del aloe vera son tubulosas, debido a que las seis piezas que forman la cubierta de la flor se sueldan todas entre sí formando un tubo, generalmente recto o en ocasiones también encorvado. Estas flores suelen tener un color rojizo, anaranjado o amarillento. Los estambres de la flor son seis, de largos filamentos que crecen en el fondo de la flor, debajo del pistilo.

Lugares donde se cultiva.

Se cultivan, en número de cerca 200 especies, en las laderas soleadas, a menudo en lugares rocosos o pedregosos del Antiguo Mundo, en la mayor parte de África, en Madagascar y en algunos puntos de Asia. Principalmente se encuentran en gran cantidad en la región del Cabo de Buena Esperanza. En las provincias del litoral de España crecen de forma espontánea varias especies de este género.

Interesante saber…

Hay distintos tipos de aloe que no deben mezclarse, porque se corre el riesgo de polinizar unas plantas con otras, creando híbridos que desvirtúan las características del aloe que queremos obtener. En caso de no estar seguros de que esto pueda ocurrir, la mejor opción es cortar la vara de la flor a media altura, por debajo de donde están las flores, antes de que se abran. El resto de la vara lo sacaremos fácilmente, cuando ésta quede seca.

El aloe es como un ser vivo, por tanto nace, crece y se reproduce. Esto significa que de la primera semilla que brota saldrá una planta madre, de cuya raíz nos pueden salir otras plantas de aloe consideradas sus hijos. Estos hijos deben ser cortados de raíz cuando tengan la altura adecuada (unos cuatro dedos), para ser replantados a la distancia pertinente, de forma individual.
Las propiedades curativas del aloe se manifiestan cuando la planta llega a la edad adulta, hecho que sucede a los tres años, aproximadamente desde que han hecho la flor.

Recolección.

La recolección debe realizarse cuando el aloe tiene entre dos y cinco años, es decir, cuando es una planta adulta. El corte hay que hacerlo sobre las hojas más bajas, exteriores y más próximas a la tierra, porque son las más viejas y tienen concentradas todas su propiedades curativas. La herida cicatriza sin alterar el crecimiento de la planta.

La cosecha podrá tener dos cortes si se riega, si no sólo podrá cortarse una vez al año. Los cortes se harán en los meses de febrero y marzo el primero, y de septiembre y octubre el segundo. En definitiva, tendrá que haber una duración de seis meses entre corte y corte.

Si se guardan todas las condiciones expuestas en esta página, la planta del aloe vivirá bastantes años, pudiéndole sacar un rendimiento óptimo e incluso ampliar la cosecha de forma sistemática con las nuevas semillas y “descendencia” producida por el aloe.

Las hojas de las cuales aprovechamos la savia, son carnosas, suelen medir unos 50 cm de largo, 10 ó 20 cm de ancho y 5 cm de grueso. Si se les realiza un corte exudan un líquido acuoso con un sabor muy amargo, acumulado en células secretoras que envuelven la región cribosa. Puesto que la pared celular que las separa es muy fina, el jugo fluye fácilmente. El corte en las hojas hay que realizarlo de forma que la secreción pueda recogerse en algún tipo de recipiente. Después se condensa el líquido calentándolo al fuego o al baño María. Se separa la espuma y se desecha, y el líquido se pasa a otro recipiente en el que se volverá más sólido. Es de esta forma como llega al mercado y se distribuye después en forma de preparados galénicos como gotas, píldoras, supositorios, etc. No es habitual el uso de aloe puro, ya que puede dar reacción en ciertas personas.

Usos medicinales.

El A-Z del Aloe Vera

A. Alergias, abscesos, adicciones (a drogas diversas), aftas, afonía, agotamiento, asma, ampollas, amigdalitis, acné, acidez de estómago, anemia, artritis, arteriosclerosis, anorexia.

B. Bronquitis, bursitis.

C. Calambres musculares, calvicie, caspa, cataratas, celulitis, ciática, cirrosis, cólicos, colitis, contusiones, cortes, cistitis, carbunclo, cortes al afeitarse, catarros, congestión intestinal, cáncer, cándida, comezones de todo tipo, congestión nasal.

D. Dermatitis, diabetes, disentería, depresión, dolores de cabeza, dolores de las articulaciones, dolores de muelas, dolores de estómago, dolores musculares, desarreglos evacuatorios, disfunciones intestinales.

E. Edema, erisipela, epidermitis, exantema, enteritis, esterilidad debida a ciclos anovulatorios, esclerosis múltiple, esguinces, erupciones, enfermedades de las encías, estreñimiento.

F. Forúnculos, fiebres sin identificar, flatulencias.

G. Gangrena, glaucoma, gota, gripe

H. Hemorroides, hepatitis, herpes genital, herpes zoster, halitosis; heridas de todo tipo, hipertensión, hongos.

I. Insuficiencia arterial, insomnio, ictericia, irritación bucal, indigestión, infecciones por levaduras, infecciones de la vejiga y de los riñones.

K. Keratosis folicularis.

L. Laringitis, lepra, lupus, luxaciones, leucemia.

M. Mal aliento, mastitis (en las vacas), manos ásperas, manchas en la piel, manchas congénitas, meningitis, miopía, mordeduras de serpientes.

N. Náuseas de todo tipo.

O. Obesidad, olores (supresión del mal olor en las úlceras), enfermedades de los ojos.

P. Pie de atleta, piel seca, pezones estriados, parásitos intestinales, picaduras de insectos, pecas seniles, picaduras de víboras y alacranes, psoriasis, prostatitis, picores de todo tipo, problemas del páncreas diversos.

Q. Quemaduras (térmicas, por radiación, solares, químicas ó por líquidos).

R. Resfriados.

S. Sabañones, seborrea, sinusitis, SIDA.

T. Tendonitis, tracoma, tuberculosis, torceduras, tos, tortícolis.

U. Uñas encarnadas, úlceras en las piernas, úlcera péptica, úlcera de duodeno, (todo tipo de úlceras), urticaria.

V. Vaginitis, várices, virus de Epstein.

Z. Zoster (herpes).

Historia

El uso del aloe se remonta a los orígenes de la humanidad. Los chinos fueron los primeros en usar el aloe y en el antiguo Egipto era comúnmente utilizado y se referían al aloe como la planta de la inmortalidad incluyéndolo entre los regalos funerarios enterrados con los faraones. Se ha escrito que Alejandro Magno conquistó la isla Socotora en el sur de Arabia, porque en ella había gran cantidad de aloes que servirían para la curación de heridas y enfermedades de sus soldados durante las campañas.

También, Cleopatra usaba diariamente el aloe como ingrediente esencial en sus cuidados diarios.

Ya, en el siglo I de nuestra era, Dioscórides lo describió intensamente en su herbario griego por sus virtudes medicinales y cosméticas.

Existen documentos históricos de los romanos, griegos, hindúes, árabes y otros pueblos de climas cálidos, que comentan sus virtudes medicinales y cosméticas.

Los Franciscanos españoles la trasladaron desde nuestras tierras a América, seguramente a la isla Barbados, de donde viene su actual nombre científico ALOE BARBADENSIS.

En España, a lo largo de la ribera del Mediterráneo, el Aloe fue un elemento esencial en la medicina popular, hasta que el empleo generalizado de la farmacopea moderna lo relegó al olvido junto a la mayoría de las plantas medicinales.

Durante la II Guerra Mundial se redescubrió su valor terapéutico. Las quemaduras causadas en las poblaciones de Hiroshima y Nagasaki por las explosiones atómicas, se curaron más rápidamente con el aloe y en muchos casos sin dejar señales ni cicatrices.

Actualmente sus propiedades han sido comprobadas clínicamente y los científicos se interesen cada vez más por sus aplicaciones médicas.

Es utilizada porque absorbe el 90% de la toxicidad de sustancias como: el PVC, la fibra de vidrio, los barnices, las pinturas, las radiaciones de los ordenadores, los televisores y demás aparatos electrónicos.

Se cree que trae buena suerte, y es muy utilizada en los rituales chamánicos por su gran poder energético y porque purifica el alma.

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